Y a veces, alejarse

quelindoscuentosescribomientrascamino

Cada materia y cada movimiento enseñan. La utilidad, el ritmo, el recuerdo. El barro y el vidrio requieren una danza precisa, pausada y constante.

Días y días de repetición hasta lograr el punto, no de perfección, sino de unión, de la puntada que entrelaza nuestras manos y nos contiene.

Y así, cada palabra dicha, nos revela qué tan cerca se encuentra una de nuestras manos de la otra. Qué tanto nos contiene, qué tanto nos desborda, qué tanto nos cuida y cuida de los otros.

El ritmo de nuestros pasos y de nuestros reclamos, el ritmo de lo que somos y que sólo captan oídos respetuosos. El ritmo de nuestra memoria y nuestras historias, nuestra propia voz vulnerable y vulnerada debe detener la marea tempestuosa de más de un mar sin calma.

Y a veces, alejarse.

Hasta que la brisa que sopla sobre la tierra sea tibia y cadenciosa. Hasta…

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