A ellas

quelindoscuentosescribomientrascamino

Imagino apenas sus vestidos hermosos celebrando la primavera con el viento de abril, la sonrisa de sus hijos corriendo entre las hojas de los árboles escondiéndose entre toboganes y columpios; imagino la alegría pura, el amor puro, su lazo sagrado e invencible.

Las veo a ellas sentadas hablando y riendo, con sus sonrisas y sus ojos grandes siguiendo los pies de sus pequeños sobre la arena.

Y luego veo como -un golpe sobre el cielo- el humo gris del odio- anuncia que ha vencido. Y delirante grita ensordecido que una vez más ha roto otra epifanía.

Y luego, sobre el asfalto veo las lágrimas, el dolor, todo lo absurdo. La arena ha dejado de ser arena y el viento ha dejado de ser viento.

El cielo sin pájaros.

¿Cómo llamar a aquello que se atreve a dormir con el odio el amor desplegado al infinito?

¿Cómo consolar la mirada perdida…

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