Una estrella, una puerta

quelindoscuentosescribomientrascamino

A la vuelta de la esquina se esconde la bruma, llego hasta allí y me escondo con ella. Desaparezco para caminar más lejos, entre las luces, los tumultos y las vidrieras absurdas de los almacenes, la tontería. Asomo los ojos para mirar el oro que guardan vidrios templados y hombres vestidos de negro. La ciudad se ilumina aún más. No puede verse nada en el cielo. Las estrellas se han ido a iluminar otro universo, uno más amoroso.

Me detengo en el camino y una luz ondea hacia mí. Por magnetismo mi mano le responde y muy pronto se encuentran juntas en medio de la oscuridad de un templo. Comienzan a rodar las lágrimas de la vida y observo los techos altos y a través de los vitrales las sombras de las hojas movidas por el viento en las copas más altas de los árboles.

La luz acaricia mi rostro…

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